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Los Ojos de un Mediocre

Según los publicistas y los amantes del marketing la frase “impossible is nothing” (nada es imposible), forma parte del discurso de la leyenda del boxeo Muhammad Ali y acabó siendo uno de los eslóganes más famosos de Adidas que trascendió todos los medios siendo una filosofía deportiva y, sobre todo, una actitud para superar nuestro límites. No deja de ser la eterna promesa que ya hizo Dios en en Antiguo Testamento y en el evangelio de San Mateo.

Cuando desde imita nos ponemos el objetivo de potenciar una marca analizamos la historia desde su fundación, la intrahistoria de una familia, como lo es la historia de la marca alemana Adidas, dos hermanos, como Caín y Abel, que fueron separados durante la Segunda Guerra Mundial y no volvieron a hablarse nunca más.

Cuando trabajaban juntos, los hermanos Dassler tenían como único objetivo fabricar zapatillas y pantuflas, sin marca propia, y un original calzado con clavos para aquellos temerarios que querían correr al aire libre. Esta innovación fue descubierta por el entrenador del equipo alemán de la época y la incorporó al equipo olímpico de aquel Berlín de 1936, para demostrar al mundo la perfección aria gracias al patrocinio de los fondos del nazismo. Para disgusto de Adolfo Hitler, fue el atleta negro de Alabama, Jesse Owens, el que se llevó la gloria de la competición gracias a los clavos de la compañía alemana.

Como sucede en las mejores familias, los dos hermanos tenían una manera totalmente antagónica de interpretar la vida y, por ende, la empresa por lo que sus desavenencias no tardaron en llegar y, al comienzo de la guerra, la fábrica de zapatillas se reconvirtió en taller de tanques y repuestos de lanzamisiles. Uno de los hermanos, convencido de la locura de Hitler se alistó en el ejercito, y el otro se quedo como suministrador del III Reich. Al acabar la contienda, el empresario quedo exonerado, menos es más, y su hermano, el revolucionario, tuvo que emigrar al otro lado del río con su mujer y sus dos hijos y empezó de cero con la mitad de los empleados, los de ventas, montando la empresa Puma.

Un año después, los técnicos, lanzaron su nueva marca, para hacerle la competencia a su hermano contrayendo su nombre, Adolfo, y su apellido. Había nacido Adidas revolución de la que no se libró ni Fidel Castro que lució su marca como emblema del paraíso comunista.

A finales del siglo XX, después de comprar Reebok, a la marca le quedaba un rival americano por derribar, Nike, que había ganado peso en el mundo del fútbol con su campaña “Dios contra el Diablo”, lanzando un anuncio con todas las mega estrellas del momento y con el sustrato del retirado Michael Jordan. El comienzo de siglo rompió en todos los medios con una campaña orgánica con los mejores deportistas e incluso la hija del boxeador emblema Muhammad Ali que hizo a la marca americana reafinzar su marca y hacerla despegar con la vuelta a las pistas de los Wizards del mejor alero de la historia del baloncesto después de varios años de exilio voluntario.

Desde imita siempre creemos en el reinicio, la refundación, la creación de nuevas identidades que hagan sentir a los clientes ese sentimiento de pertenencia que les hace nuestros, que nos hace suyos. Si somos capaces de reconocer a una empresa a través de su marca cuando vemos el logo, es la mejor EVIDENCIA de que el trabajo que hemos hecho con el departamento de marketing está bien hecho. 

Una marca no es más que la filosofía y la dirección estratégica de una empresa representada en un dibujo. Por eso Adidas es cuadriculada, fría y constante, como buena alemana, y Nike es el show de Truman constante, muestra lo emocional y es el circo en bucle por encima del plano general (lo que llamamos ahora viral, la pólvora del rey).

La guerra de los mundos del metaverso ya no se libra en la publicidad de las zapatillas, de las camisetas o del chándal. Ahora sólo hay un medio de llegar: comunicar las emociones, la filosofía y los valores de nuestra marca. Ya no compramos productos, solo historias, ya no queremos servicios, sólo sueños.

Como decía Billy Wilder, la bondad no se retrata nunca bien en las películas pero, aunque parezca imposible, como Consultores siempre podemos hacer de lo posible lo mejor y ser, como dice el primer libro de la Torá, los guardianes de nuestros clientes.

Imposible es sólo una palabra grande que pronuncian hombres pequeños a quienes les parece más fácil vivir en el mundo que les han dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho. Es una opinión. Imposible no es una declaración. Es un reto. Imposible es un potencial. Imposible es temporal. Nada es Imposible.”. Muhammad Ali.

Alberto Saavedra at imita.es Chief Vissionary Officer

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