Este año he regresado como cada año a mi aldea de Sanabria , un lugar idílico pero castigado como muchos otros por los incendios. Entre charlas en la plaza y cafés con amigos, me encontré con algo que me dolió casi más que los pinares quemados: dos bandos enfrentados, dos verdades absolutas que se niegan a escucharse. Quien tiene la culpa, quien debería actuar, quién está de un lado y quién del otro. En vez de remar juntos hacia adelante, demasiadas veces percibí esa sensación de división que deja a todos más débiles.
Esa experiencia me recordó a una obra que siempre me ha emocionado: Un soñador para un pueblo de Antonio Buero Vallejo. Estrenada en 1958, nos lleva al Madrid de 1766, al Motín de Esquilache, siendo rey el mejor alcalde de Madrid, Carlos III. Allí se enfrentan dos mundos: por un lado, el ministro reformista, que sueña con modernizar el país, mejorar la seguridad en las calles y regular el precio del pan; por otro, el pueblo, que percibe esas medidas como imposiciones que amenazan sus costumbres y su forma de vida.
El choque desemboca en la caída del ministro y en una lección que sigue vigente: cuando los cambios no dialogan con la gente, se convierten en rechazo; y cuando el pueblo se cierra a la innovación, se condena a la parálisis.

Hoy, más de dos siglos después, el eco de esa obra resuena en nuestras sociedades. Vivimos un tiempo de polarización: debates reducidos a trincheras, redes sociales que amplifican la confrontación y discursos políticos que muchas veces dividen más de lo que unen. Como en la obra de Buero, dos bandos que se observan con recelo y que rara vez escuchan la voz del otro. En pleno Motín de Esquilache, el ministro reformista soñó con modernizar España, mientras el pueblo defiende sus costumbres con uñas y dientes. Resultado: choque, ruido, incomunicación, fracaso. La obra muestra algo tan humano como peligroso: la incapacidad de escuchar.
Hoy, más de dos siglos después, seguimos atrapados en dinámicas parecidas. La polarización atraviesa nuestras sociedades: política convertida en trincheras, redes sociales como ecos de confrontación, debates reducidos a blanco o negro. Como en la obra de Buero, los sueños de progreso fracasan cuando no dialogan con la realidad social, y las resistencias se transforman en rechazo visceral cuando falta confianza.
La tecnología con la que convivimos, que podría servirnos para acercarnos, a menudo amplifica las divisiones. Pero también encierra una clave de futuro para nuestros hijos: la innovación social y digital bien orientada permite tender puentes, generar conversaciones más inclusivas y promover una cultura de colaboración en lugar de enfrentamiento.

Necesitamos recuperar la capacidad de escuchar, de reconocer la pluralidad y de aceptar que en el otro puede haber parte de la verdad que nos falta. Ese es el reto de nuestro tiempo: pasar de los bandos a la comunidad, de la polarización a la cooperación, del ganchillo de mesa camilla a ser capaces de tejer redes solidarias.
Ayer se vivió un episodio cargado de tensión en Madrid con el final de La Vuelta a España 2025. Las protestas propalestinas obligaron a cancelar la última etapa cuando faltaban unos kilómetros para la meta. Manifestantes ocuparon partes del recorrido, la policía tuvo que intervenir, hubo disturbios, decenas de policías heridos, dos personas detenidas y la tradicional ceremonia del podio se celebró en un parking.
La causa principal de la protesta fue la presencia del equipo Israel Premier-Tech, ante lo que muchos manifestantes entienden como una normalización, a través del deporte, de situaciones que consideran injustas. Para algunos fue legítimo ejercicio de ciudadanía; para otros, un boicot irrespetuoso que pone en riesgo la convivencia
Este incidente, espero que casual, nos da un caso concreto para ver en acción lo que Buero Vallejo retrata: dos bandos, visiones radicalmente distintas, cada uno convencido de que tiene la verdad y, a menudo, sin reconocer que el otro tiene también su razón o sufrimiento.
Los mismos perros con diferente collar: Sanabria: vecinos divididos por opiniones sobre gestión de incendios, responsabilidades, ayudas. Madrid, manifestantes que consideran que el deporte se ha vuelto un escaparate de silencio ante tragedias, y otros que creen que esas protestas están degradando el respeto, el orden y la convivencia.
En mi humilde opinión, todo es mucho más sencillo: en Gaza el sufrimiento civil se ha convertido en símbolo de hasta dónde puede llevarnos la lógica de los bandos. Una guerra injusta y suicida que no solo arrasa ciudades y vidas, sino que pone en riesgo el futuro mismo de dos pueblos, tanto de Israel como el pueblo palestino.
Buero Vallejo nos recordaba que los soñadores no bastan sin el pueblo y que el pueblo se empobrece si se cierra a los sueños. Pero también nos enseña que en el choque, en la tensión, hay una oportunidad: la de reconstruir el diálogo, rescatar la responsabilidad común, recuperar la escucha.
Ayer La Vuelta no pudo terminar como todos esperábamos, pero hoy podemos empezar algo: reimaginar el deporte, la política, la vida y dejar que la protesta construya espacios que nos unan tanto como nos dividan. Que el recuerdo de lo ocurrido nos inspire a construir puentes, esa no violencia que es el arma de los fuertes.
La innovación, la cultura y la memoria nos dan herramientas para elegir: podemos seguir incendiando puentes… o atrevernos a construirlos. Así que la próxima vez que discutamos, en el bar del pueblo, en una reunión de trabajo o en un foro digital, probemos algo revolucionario: escuchar antes de responder.
No porque vayamos a estar siempre de acuerdo, sino porque solo así salimos de ese bucle del “ellos contra nosotros”.

La verdad está repartida. Y quizá, solo quizá, la alteridad podamos encontrarla juntos.
Todos los días estamos invitados a elegir bajo qué bandera nos situamos: la del odio y la soberbia, o la del Amor y la Esperanza.
«Considerar cómo Cristo llama y quiere a todos bajo su bandera, y cómo Lucifer, al contrario, bajo la suya, busca engañar con riquezas, honores y soberbia.” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 136-147)
Alberto Saavedra CXO imita.es Chief Exponential Officer