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Pie to Take

Existe una pequeña ciudad llamada Bridgeport, allá en los nortes americanos, en la que hombre llamado William Russell Frisbie decidió comprar una vieja panadería para emprender un nuevo negocio. La panadería había funcionado con un régimen de franquicias Olds Baking Company, así que Mr. Frisbie cambió la marca de la tienda por Frisbie Pie Company especializada en cubrir la demanda de empanadas similares a nuestro hornazo salmantino.

Su hijo, Frisbie Jr, como le puede suceder a los panaderos de nuestro tiempo, agudizó el ingenio ante la falta de electricidad en la villa y  construyó una planta eléctrica para satisfacer dicha demanda lo que llevó a construir un nuevo orfebre de tres plantas. Era tal su volumen de venta (cincuenta mil diarias) que se distribuían con coches de caballos y después en camiones con un horno que no paraba de generar empanadas a cinco centavos.

En nuestros días, los estudiantes de Farmacia de la Universidad de Salamanca queman su sábado bailando sin distancia y cantando sin mascarilla para protestar porque les han quitado su mes de Abril, la Nochevieja universitaria. Hace un siglo, los de la Universidad de Yale, se comían las empanadas de la Frisbie Pie company y después jugaban a lanzarse los unos a los otros los moldes al grito de “¡Frisbie!!” porque llevaban grabado el logotipo de la compañía en su base, marketing sencillo de guerrilla.

Después de la II Guerra mundial, uno de esos universitarios, piloto de avión de combate, durante una misión en Italia fue derribado y los nazis le tuvieron en un campo de prisioneros durante 50 días. Allí puso en práctica sus conocimientos de aeronáutica y creó, en el destierro, el primer disco volador del mundo. El producto era genial ya que rotaba su propio eje planeando en el aire pero tenía el problema de que hacía bastante daño si daba en un miembro o en la cabeza. El militar lo solucionó con la llegada de Dupont y contó con la ayuda de un “business Ángel” de la época que financió económicamente el proyecto para poder patentar estos moldes de plástico que se convirtieron en el producto estrella de una juguetera americana.

La empresa registró el nombre de “Frisbee” como nombre para sus productos de discos voladores y la prueba de concepto fue el apoyo masivo de los estudiantes de Yale y Harvard hasta convertirlo en deporte nacional. En los 80 caducó la patente y se convirtió en el deporte federado a nivel internacional, espectacular en alguna de sus vertientes combinadas, por ejemplo, con el golf o el Ultimate. 

Esta historia de emprendimiento corrobora que la Innovación siempre tiene rostro humano. Lo mismo que le sucedió al griego Arquímedes al percibir que con una palanca imaginaria sin dotarla de límite de medida y apoyada en un punto se podía mover cualquier peso, marketing emocional de guerrilla:  cualquier equipo creativo si se aplica la palanca adecuada puede generar una fuerza muy potente y lograr cosas extraordinarias, sólo hace falta encontrarla.

La compañías que alcanzan el éxito han hallado esa piedra de toque que sirve para conocer la pureza del oro y de la plata, esa Old o Silver Economy, esas personas que dirigen nuestras empresas desde la cultura del esfuerzo y son la palanca resiliente para la recuperación postcovid y repensar la economías del futuro, como se ha puesto de manifiesto esta semana en la primera edición del Evento Vida Silver celebrado esta semana en Madrid. Su eslogan lo dice todo LO MEJOR ESTÁ POR VENIR.

Estas personas mayores de 50 son como el militar en el campo de concentración, lejos de ser una especie en estado de extinción, son una fuente continua de inspiración para cualquier equipo ya que tienen la base sólida de la experiencia que, más allá de conocimientos técnicos, aportan una intuición instruida y profunda con mentalidad de principiante: dejan a un lado lo que saben y se dedican a observar y escuchar con mente limpia a los jóvenes del equipo. 

El marketing empresarial no es nada más que percibir los matices sutiles de nuestros potenciales clientes para obtener oportunidades de venta y como dice Richard Brandson, las mejores ideas salen de la nada, y solo tenemos que mantener la mente abierta para ver su virtud.

En plena III Guerra Mundial, los homosapiens digitales seguimos sin tener un punto de apoyo común, ni la OMS, ni la ONU, ni la FIFA y empleando la tragedia sanitaria como frisbee de la lucha política de cada uno.

La única palanca de Arquímedes frente a las variantes es poner todas nuestras fuerzas, potencias e interacciones en ese punto de apoyo universal que permita ganar el Mundial al coronavirus.

“Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue. Lo inesperado, tarde o temprano, puede llegar. Así que estate alerta.“  Heráclito, filósofo.

Alberto Saavedra at imita.es Chief Vissionary Officer

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