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Don Quijote en Paro

En 1969, el psicólogo Philip Zimbardo, abandonó un coche en la sinuosas calles del Bronx de Nueva York, con las placas de matrícula arrancadas y las puertas abiertas con el único objetivo de ver que ocurría. En 10 minutos empezaron a robar sus piezas y a los tres días, cuando no quedaba nada de valor, empezaron a destrozarlo. Después, abandonó otro coche, en similares condiciones, en Palo Alto (California), donde ahora se alojan todas las startups que se desvelan con el sueño americano. Sus emprendedores sociales no tocaron el coche en una semana pero cuando el investigador abolló una de las puertas los honrados ciudadanos lo destrozaron de forma idéntica al del Bronx. .

Esta es una teoría que habla sobre el contagio de las conductas inmorales o incívicas y la podemos extrapolar de forma directa a los equipos empresariales. Si en una empresa se deterioraran o, simplemente, se descuidan las normas éticas, el ambiente y el equipo se desploma. Sólo hay que ver como abundan las malas prácticas en las grandes multinacionales que nos gobiernan buscando esa rentabilidad material a corto plazo que no perdura tratando al cliente como un objeto y no como una persona a la que ofrecer un servicio o falseando la contabilidad para pagar menos impuestos, con la falta que nos hacen, con el simple objetivo de aumentar sus bonus anuales.

Las empresas son como los niños o las mascotas: necesitan normas claras aplicadas en todo caso: sin excepción. Si se comete una falta, ya sea un empleado, un proveedor o un directivo, se rompen las reglas de convivencia y se desmoronan esos límites que marcaban la convivencia de la empresa. La cooperación se convierte en obstáculo y la flexibilidad ya no va en el método Lean de trabajo sino en la agilidad en ser permisivo con actuaciones “out of the box” de la política empresarial. Para mantener firmes los valores de una empresa, es decir, que las lunas estén intactas, hacen falta líderes que, con mano izquierda, apliquen criterios de firmeza con una actitud coherente. 

Ya decían los griegos que las normas tienen una misión educativa por lo que la no reparación inmediata de un problema puede transmitir al resto del equipo que la impunidad se permite rompiendo ese respeto mutuo que debe de reinar e imperar en todos los equipos basado en ese imperativo categórico de Inmanuel Kant de tal modo que todo lo que hagas tu equipo se convierta en ley corporativa. 

Si alguien critica a alguien del equipo con un sutil e-mail, se convertirá en un grafiti de pintadas en pocos días. 

Si el mando intermedio permite una falta de respecto a algún miembro de un proyecto, se formará una tangana

Si toleramos que nos hagan una factura sin IVA, no nos podemos quejar de la falta de vacunas

Del mismo modo los pueblos, las ciudades y los estados tienen que poner límites a sus gobernantes. Cuando un político independentista pone un grafiti en la pared hablando de la debilidad del Estado, si no se borra pronto, aparecen muchas más pintadas. Por eso conviene tener las aldeas limpias, libres de humo. Si un incívico tira una colilla a la calle y no se toman medidas para corregir el daño, se transmite la impresión de que no le importa a nadie y, por consiguiente, el hábito se arraiga y se repite en todas nuestras calles. 

En España ahora nos pueden “romper un vidrío” y que el riesgo nacionalista se haga tangible pero, por suerte, la Constitución tiene modos de reemplazar el vidrio y conocer sin necesidad de Inteligencia Artificial el motivo que produjo la rotura para que no vuelva a pasar. La solución al problema no está en la demagogia sino en activar los mecanismos de la convivencia que nos han traído hasta aquí desde 1975 para reparar las ventanas, los cristales y los vidrios rotos, no sólo en el Congreso, sino en todos nuestros ámbitos particulares. 

La primera mentira es la más difícil, las siguientes brotan solas y caminan despacio como lo hacen los pingüinos. Para evitarlo, hay que arreglar la ventana rota cuanto antes y, del mismo modo que podemos ser la causa de la expansión del daño haciéndolo crecer, la diligencia del príncipe prometido consiste es ser la utopía de la reparación colectiva, la regla universal de la conducta y que su única espada sea la de mantenerse siempre fuerte en el “front row” del combate.

“Tu visión devendrá más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón… Aquel que mira afuera, sueña. Quién mira en su interior, despierta”, Carl Gustav Jung, estudioso del inconsciente colectivo.

Alberto Saavedra at imita.es Chief Vissionary Officer

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